miércoles, 28 de mayo de 2008

Año Mariano

El caos absoluto del PP ha suscitado un milagro: hasta Pepiño Blanco dice cosas coherentes y da en el clavo. El susodicho Pepiño afirmó que Rajoy estaba probando de su propia medicina.Y nada más cierto que esto.
Porque Mariano, que ahora se nos descubre centradito, dio pábulo al catecismo de la conspiración elmundista, siguió al pie de la letra las consignas FAES en lo relativo a terrorismo, animó a las fuerzas más reaccionarias de España a tomar las calles, a la sublevación episcopal contra todo y todos, despreció al Presidente de Gobierno del modo más insultante que he presenciado desde que regresó la democracia a este país, fue capaz de afirmar que el Gobierno estaba sustentando a ETA y de no retirarlo, se produjo en toda sesión, toda interpelación, a través de su facundia decimonónica tan empalagosa, con el desdén, con el insulto más barriobajero, secundado por sus corifeos, exultantes ante tanta mala leche.
Pero, señores, es que ahora descubrimos que Mariano NO QUERÍA: qué ingenuos fuimos. Estuvo representando un papel de sicario durante cuatro años, y es tan buen intérprete que yo juraría que disfrutaba, exponiendo argumentos que no compartía, estrategias que detestaba, teóricamente. Es que a Mariano, como a Darth Vader, le absorbió el Lado Oscuro: no pudo eludir la fuerza aterradora de los agentes externos al PP, que se convirtieron en internos al dictar la agenda del partido (AVT, FAES, COPE, El Mundo, etcétera) y condicionar incluso ahora el rumbo del partido.
Las cuestiones son estas, formuladas desde la izquierda: ¿puede uno fiarse de un líder que imposta otra personalidad durante cuatro años? ¿es eximente ser rehén del núcleo duro? Mi respuesta es No, pero, con todo, prefiero que Mariano gane sus primarias a que ganen Los Otros. Lo escribo en cursiva porque es una película de terror, y porque en ella los personajes están muertos sin ser conscientes de ello. Y lo prefiero aunque sé que una moderación considerable del PP les posibilitaría ganar las próximas elecciones, pero sería bueno normalizar la situación y no volver a las dos Españas.
El punto de vista de la derecha es diferente. Al parecer, Mariano llevará al partido a perder sus principios (¿qué principios? ¿los del Movimiento?), por lo que se revela como un Judas, un infiltrado, un rojazo... ¡Rajoy, sospechoso de izquierdismo! Dios mío, pero, ¿a quién piensa presentar la derechona del PP? ¿A Millán Astray? Esos principios monolíticos tienen preso al PP. Y a Mariano, si intenta liberarlo de ellos, puede que le pase como a Sansón, que derribó el templo pero murió en el intento.
El caso es que los votantes demócratas del PP (que son mayoría abrumadora, y merecen todos mis respetos) están temblando ante la perspectiva de un golpe de mano. Estos votantes y simpatizantes comparten la teoría de Rajoy: no podremos ganar si seguimos dando miedo. Y de momento siguen dándolo. Si no, fíjense en esas decenas de septuagenarios que se congregan cada dos por tres en la calle Génova (¡qué paradoja! Antes solo salían a la calle los rojos, los violentos o los jóvenes descarriados; ahora la extrema derecha le ha cogido el gustillo, y, cuidado con ellos, que una vez adquieren derechos la calle será suya, cumpliendo la profecía de Fraga) para insultar a los más moderados, gritando unos vivas a España que huelen a rancio, porque esa España ya no existe, que suspiran por un ex presidente ("el mejor de la historia", afirman sin dudar) que ha hecho un daño terrible a este país, fomentando la ira por puro odio y soberbia, al no poder soportar ver cómo tuvo que salir del gobierno con 196 muertos a la espalda. Toda esta gente, incluidos la precanonizada María San Gil, Mayor Oreja, Elorriaga, Acebes, Ana Botella (vaya lumbrera, por Júpiter), Esperanza y demás, si de verdad quieren a su partido, deberían dejar sus intrigas palaciegas o, quizá mejor, donar su cuerpo a la ciencia.


(Al personal sanitario del centro de salud de El Berrón, que sé que sigue el blog: ¡Puxa Asturies!)

No hay comentarios: