jueves, 28 de febrero de 2013

Ayer maté a un personaje


Ayer maté a un personaje de la novela que estoy escribiendo. No entraba en mis planes. Pensaba salvarlo, o al final de todo darle una muerte gloriosa. Pero el teclado me sorprendió con su muerte. ¿Fui yo? No lo sé. Creo que en este punto la novela ha empezado a escribirse a sí misma, como me ha pasado otras veces. La novela acaba por apoderarse de la trama, y lleva la nave a su antojo: yo, como los músicos del Titanic, le pongo música a la historia mientras que la sala de máquinas hace que avance el barco. Poco puede hacer el autor ante esto. Mi personaje me preguntó por qué lo había matado. Él quería llegar al norte, reencontrase con su gente, e incluso buscar a su antiguo amor; me echó en cara el fin que le di, cuando había quedado tan contento de su papel en el primer relato en que apareció, Amaranta. Yo no supe qué decirle. Busqué eludir mi responsabilidad, volví a hablarle de los duendes que escriben la ficción, esos troyanos que te infectan y hacen de ti lo que desean. No me creyó. Ahora descansa en el enorme cementerio de mis personajes muertos, al lado de las vías de un tren, en una llanura desoladora, cubierta de arena. Ojalá algún día me perdone.

3 comentarios:

miguel alonso lois dijo...

Hola, soy Miguel Alonso de 3ºC.
Me pareces tan buen escritor como profesor. Espero ver tu obra publicada en poco tiempo. Seguro que me la compro.
A mi tambien me encanta escribir. Sobre fantasía épica, pero literatura al fin y al cabo. Seguro que aprendo algo interesante leyendo este blog.
Mucha suerte con tu nueva novela.

Anónimo dijo...

En efecto, el hecho de matar a un personaje le atribuye todavía más vida, le hace más tangible, más verdadero, pues, en la vida real, no hay maravillosas casualidades que salven a uno del destino.Si algo tiene que ser será, aun así de ser impredecible y casual, y se determina por el camino que sigue la historia, como en tu libro, por ejemplo, y en muchos otros.Por ello, descansen en paz todos aquellos caballeros andantes que perdieron la vida en el camino de las palabras.Y que vivan por siempre, junto a esas vías de tren,o en las memorias de aquellos que un día se identificaron con su causa.Me ha encantado la entrada, espero ver alguna más como esta pronto.

miguel otero dijo...

Pues muchas gracias, Miguel, y muchas gracias, anónimo, por vuestras palabras. Nunca sabes qué entradas van a gustar: esta, en especial, fue una reflexión personal sobre cómo vivo esto de la escritura, y pensé que no le iba a interesar demasiado a nadie. Encantado de que os gustase.